Hola. Soy Jasey. Y soy sólo una niña que un día comió demasiado postre y fue tan empalagoso que tuvo ganas de devolver el estómago. Así la dulzura se vuelve molesta. Aborrezco lo dulce entonces, pero puedo saborearlo y puedo digerirlo con dificultad. Con… incomodidad. Sólo quisiera que el sabor se fuera ya. No lo quiero ya en mi boca, es asqueroso. Y lo pienso una y otra vez: “No lo vuelvo a hacer, la vida es mejor sin postre. ¿Por qué lo tomé?”.
Y los sentimientos dulces son como comer demasiado postre. Al final se vuelven nada sanos, porque te dejan un mal sabor de boca. El amor… No puedes no sentirlo realmente sin sufrir, por ejemplo.
La vida es el plato fuerte y los sentimientos son sólo un postre, un pilón o un extra que se le da. ¿Por qué no saltárselo? ¿Qué tal si en mi casa jamás se cocina un postre? ¿Por qué no privarse de ese pilón y sólo disfrutar la vida sin tener jamás que terminar llorando, con un corazón roto o despegando fotos de tu álbum tirando a la basura amistades hipócritas?
Muchas mujeres – y seguro que hombres por igual – se han acostumbrado a vivir sin postre o a vivir a dieta en cuanto a comida. Así yo. Estoy a dieta de la vida. Me quedaré sin postre, me quedaré sin sentimientos y seré más ligera. Y puedo consumir la comida que quiera, pero nunca habrá pilón.
Y seré más ligera.
Espero que el aire fresco te sirva para recordarte que mi corazón es tan frío como las nubes de tu respiración y mis palabras son tan contadas como los latidos en mi pecho. - All Time Low

1 comentario:
Moriremos de lo que sea, pero no de diabetes. Amen, sí, amen.
p.d.: un mua pa' ti (y para tu bonita Jasey, espero no se moleste)*3*
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