Caminaba como una condenada a muerte. De hecho, me sentía como ello, era ello, una condena a muerte. Además de eso intentaba distraer mi profundo temor a lo que a continuación pasaría. Era inevitable y era injusto. Faltaban escasos dos días para mi cumpleaños y así era como empezaba a celebrarlo. Tan dolorosamente, con tanto miedo en el corazón que se sentía como si un montón de reptiles, todos con sus patas viscosas, estuviesen creando una guerra dentro de mi estómago.
Llegamos al establecimiento en el que se llevaría acabo aquel ritual que algunas personas consideraban como cualquier cosa y otras se aterraban y estremecían con tan solo escuchar su nombramiento y los juegos de palabras mediante los cuales se representaban.
Una mujer de una vestimenta extraña, y digo extraña refiriéndome al mundo fuera de todo esto, ya que aquí dentro había muchas personas vestidas de esta manera, nos indico a mi madre y a mi esperar a que fuésemos llamados para que yo recibiese aquel azote, castigo. ¿Qué había hecho yo para merecerlo? Buscaba entre mis recuerdos y no encontraba razón suficiente para ello, pero solo había resignación en el ambiente. Los nervios me atacaban, los reptiles cada vez se movían más bruscamente dentro de mi estómago, con sus patas pegajosas. Enjugaba el sudor de mi frente conforme pasaban los acosadores minutos, la piel se me enchinaba, mordía mis uñas y comenzaba a tener la necesidad de correr al baño, además que podría ser una manera de escapar a esto: encerrarme en un baño y no salir jamás… pero de todos modos tenía qué. No había salida. No había escapatoria. Era algo que debía cumplir.
Mientras mis piernas se movían nerviosamente de un lado a otro, una de las mujeres de vestimenta extraña, no se si era la misma que nos recibió o una diferente, vino a indicarnos que era hora de mi ejecución, de recibir mi castigo, de pagar mi condena… mi condena a ningún crimen que cometí, injusta condena.
Caminé de nuevo, con más nerviosismo. Sentía que en cualquier momento comenzaría a tiritar, o llorar, inclusive había pasado por mi mente la idea de tirarme al suelo y rogar… qué se yo, una manera para evitar esto, pero sabía que a fin de cuentas no podría.
Caminamos por un largo pasillo con la simple iluminación de una luz casi moribunda y un aire frío y traicionero. Después de algunos pasos llegamos a una habitación un poco más iluminada y ésta exponía objetos de mi desconocimiento sobre estanterías. Solo había uno del que sabía muy bien su funcionamiento, lo conocía a la perfección. Su imagen había dejado de recrearse en mi mente a la vez que caminaba y esperaba. Consideré de nuevo la opción de arrodillarme y rogar suprimir esta escena en mi vida, pero una vez mas la deseché. Dos mujeres de vestimentas extrañas me tomaron de los hombros y me sentaron sobre una extraña silla. Mis nervios cada vez me hacían sentir peor. Después sentí como amarraban cerca de mi codo una extraña cuerda que me mantenía prisionera a la silla, apretaba fuerte y pronto comenzaba a sentir que la sangre se acumulaba sobre ese punto de mi brazo, lo que, al parecer, era el propósito de las mujeres de vestimenta extraña. Una de ellas tomó aquel instrumento con el que pagaría mi condena. Conté mis dedos, recordé todo lo bueno del día anterior y el ante-anterior. Mi vida pasó claramente por mis ojos. Esto era terrible. Nervios, sudaba, mi piel se enchinaba, mis recuerdos volaban alrededor de mi y mi mamá intentaba impartirme calma con la mirada pero nada podría mantenerme tranquila. Tomé aire y miré como el instrumento de la mujer de vestimenta extraña hacía presión contra mi brazo y sentí un ligero dolor seguido por un cosquilleo. ¡Qué cómico! Yo que había venido tan mal, con tanto miedo por esto que había resultado no ser tan desagradable. Se me ocurrió girar la cabeza para averiguar qué era lo que sucedía. De pronto vi aquel líquido rojo salir de mi brazo a causa de aquel instrumento utilizado por la mujer de vestimentas extrañas. Era mi sangre. Lo que la mujer de vestimentas extrañas había hecho no había dolido tanto, en realidad, como dolía darse cuenta de este hecho. Era mi sangre. Era mi sangre, era mi sangre, mi sangre. Era roja… mi sangre.
-¿Qué esperabas ver? – preguntó mi mamá algo extrañada cuando notó mi cara de cachorro con cola entre las patas.
-Yo no se – le respondí algo perdida – Líquido azul…
Mi mamá me miró como a un bicho raro.
-O, al menos – seguí sin importarme lo que dijera o hiciera mi madre –, negra con puntitos verdes, pero no un color común.
Salí de aquel santuario con un piquete en el brazo, debido a aquella prueba de sangre. Salí de aquel hospital con un ligero dolor sobre la piel y un cosquilleo dentro de mi, corriendo por mis venas… pero… Salí con una perspectiva nueva también. Precisamente, lo que corría por mis venas era rojo… rojo y no azul… o, al menos…
~JaseyDadá;


2 comentarios:
HAHAHAHAHAHAHHAHAHA x'DD no manches x'D Osea ._. si yo tambien cada que me sacan sangre espero verle algo diferente pero no D: pero... hahaha me agarraste desprevenida x'D yo iba leyendo y era asi de 'que le aran ._. que hiso ella? D: Chin, ya la cargo el mono >w< Pero no... eran mujeres vestidas con batas de laboratorio XDD Che Ale ._.
Me encanto! (dmn) encerio ._. Ya te sigo poes (: Te quiero tú *3*
HAHAHA :'D! igual te qiero, Choqqie'(:
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