El Sol acababa de salir y refulgía sus cálidos rayos sobre la melena brillante de Cornie. La pequeña se encontraba sentada entre las coloridas flores, teniendo una de ellas en mano. Llevaba un vestido floreado. Lo único que faltaba para una foto perfecta sería que una mariposa se posara sobre su nariz. Hablaba, cantaba o reía, Cornie, Cornie, Cornie.
Pero no estaba sola. Ahí, sí, ahí, frente a ella había una sombra. Miró. Claro, era su sombra, otra Cornie sentada sobre las flores.
¡No, mira con más atención! Sentada frente a ella estaba otra sombra, una sombra extraña que le tendía un ramo de flores recién cortado.
La pequeña, pensando que aquellas figuras provenían de dos personas desconocidas continuó observando, sin embargo, pasados unos segundos, se dio cuenta de que sí, esa otra niña era su sombra… y era una maleducada puesto que no recibía el presente que aquella otra le ofrecía, así que se movió para tomarlo y ver como la Cornie reflejada por el sol, era obsequiada con flores.
Entonces la sombra compañera se levantó y comenzó a andar entre el campo. La niña se percató de que pertenecía a un chico y sin tener que verle el rostro, ella lo supo. ¡Era él, que venía de visita! Antes de soltarse a llorar y quedar paralizada, la niña prefirió salir corriendo detrás, envidiando a la Cornie de sombras, puesto que ella podía, de verdad, tomar de la mano a su amigo; a su hermano.
Después de avanzar por cierto tiempo a su lado, se detuvieron y él le abrazó, por lo que la Cornie tangible tuvo que hacer como si abrazase a alguien. Si hubieses podido presenciar aquella escena sin ver a las sombras, hubieses creído que a aquella niña le faltaban tornillos. Cornie pensó lo mismo, pero en cuanto extendió los brazos ahí estaba, había algo, invisible a simple vista, pero visible a la vista del corazón.
Luego caminaron tomados de la mano. Durante un rato, Cornie no supo si debía hablarle o no. Desafortunadamente, antes de que hiciese nada, su compañero, fingiendo que se caía entre flores, desapareció de la vista de la niña.
– ¡No! – exclamó ella, agachándose y moviendo los madrigales en un intento de reencontrarse con él.
… Pero le tomaron por sorpresa varias aves que de ahí salieron volando, dirigiéndose hacia las nubes.
Ella levantó la vista, un tanto afligida y con lágrimas en los ojos esbozó una sonrisa y blandió un adiós.
“… creo que lo que en esta tierra llaman ‘mi sombra’ es, en realidad, mi verdadera sustancia… Creo que mi cuerpo no es más que el sotavento de una mejor existencia. En verdad, llévese mi cuerpo quien quiera, lléveselo, repito, no es mi yo… y que venga un vaporcito y se lleve mi cuerpo cuando quiera, porque, destrozar mi alma, ni el propio Júpiter podría hacerlo.”
– Herman Melville.


3 comentarios:
Auch, chica, yo no se que poner en este tipo de entradas, si es que hablas de quien creo que hablas, soy mala con estas cosas...
Soy mejor haciendo comentarios insustanciales, como que me ha gustado el detalle de las sombras, y los pajarillos, y el relato en general.
Y que, muy curiosamente, hace unos momentos estaba recolectando citas de Moby Dick, tarea sumamente difícil, porque el libro éste está conformado casi a base de puras reflexiones del narrador en turno, y es que a mi me dan ganas de citar todo xDD. Y ésta que me pones aquí la leí y releí hace tan solo unos momentos. Es que tu ya hasta me das miedico xDD jájajaja.
Por cierto, ¿estás leyendo Moby Dick? ¿siempre si lo compraste? *O* ¿ya has superado tu trauma del "Dick"? jájajajaja.
te adoro.
Este relato es mágico. Tus palabras son mágicas. Tú eres mágica.
En cuanto vi el comentario que dejaste en mi relato sobre la mitología, me quedé con los ojos como platos. ¿Cómo puedes decir algo así? ¡Pero si pocas personas tienen tu don para escribir! Verlo todo con otros ojos, con otros colores, de otra manera... Con la mirada del corazón. Tú tienes ese don, y quiero que seas consciente de lo orgullosa que debes de estar por tenerlo :)
(siéntete libre para comentar en mis escritos siempre que quieras, porque jamás deberías llegar a sentirte como una "perdedora". Tú no eres ni una perdedora, ni una ganadora: Tú eres una maga de las palabras):
Que nadie jamás te quite eso.
(besos)
Y, sin más, se fue,
desapareció.
Saludos.
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